EL FEEDBACK MÁS TONTO DEL MUNDO

¡Hola a todos!

Siento mucho la laaarga espera, la verdad es que el tiempo vuela y en cuanto uno se despista, ¡han pasado tres semanas! Para ellos llenas de exámenes orales, sudores fríos, gargantas secas y temblores de voz. Para mí llenas de apuntes con fallos, algún que otro acierto, mismas preguntas, simpatía y mucha naturalidad como si no se tratara de un examen.

Una vez superado esto, hoy vengo a contaros por qué ayer me hervía la sangre y otros infortunios.
Estaba tranquilamente en mi casa disfrutando de mi catarro y mis mocos viendo el día tan espectacular de sol y pensando lo desgraciada que era cuando recibí un correo de mi jefa en el que nos enviaba la valoración de los alumnos de segundo año.

A decir verdad, lo esperaba con ansia por varios motivos. Por un lado, porque veía lluvia de críticas y por otro, porque en estos grupos tengo a muchos de mis alumnos favoritos (¡para qué lo vamos a negar!).
Esto que voy a decir va a sonar fatal pero otros años lo que hacía era escribir mi nombre en el buscador y leer lo que habían dicho de mí, con mi nombre y apellidos, y luego ya leía el resto.
Este año, debe ser que me he hecho mayor, me lo tomé con más calma y empecé a leer desde el principio.

La primera pregunta es para analizar qué es lo que más les ha gustado del curso, así que me llevé una alegría enorme cuando el cuarto comentario del informe decía que lo que más le había gustado eran las clases conmigo. ¡Toma!

Seguí leyendo comentario tras comentario, viendo lo maduros que son unos, lo poco objetivos que son otros y lo bien que se expresan en su idioma cuando quieren.
En segundo lugar, se les pregunta en qué se podría mejorar y es cuando aparecen desde opiniones muy lógicas hasta ideas alocadas y sin sentido. Entonces, leo un comentario que se me clava como un puñal en el que dice que hay un profesor en concreto que les dice que algunos ejercicios son “tontos” o “aburridos” y que eso muestra una falta de profesionalidad.


Aunque estas opiniones sean anónimas, sé perfectamente quién es y que va contra mí pero me digo a mí misma, que no pasa nada y sigo leyendo.
Ya nerviosa, me encuentro con un comentario prácticamente igual escrito en el que da la casualidad que también dice que el profesor ha dicho que había cosas “tontas” y por eso lo explicaba rápido. Esta vez sí decían quién era el profesor. Patricia, o sea, la menda.
Me empieza a hervir la sangre pero decido pasar y continuar leyendo hasta la última sección donde se pregunta directamente por el profesor que han tenido.

Me anima mucho ver que aparecen comentarios muy positivos sobre cómo doy mis clases, sobre que creo un ambiente divertido, sobre los comentarios tan elaborados que les escribo en sus redacciones, sobre lo mucho que me van a echar de menos y sobre lo buenísima profesora que soy J Me quedo más aliviada hasta que entre todos los positivos, me encuentro un último, el que me faltaba, diciendo que les hablo con condescendencia, que solo pregunto a los alumnos que conozco y… que digo que cada clase es “tonta”.
Y entonces me vengo abajo y es como si de mi cabeza todos los comentarios tan buenos que han dicho de mí se esfumaran y solo quedaran esos tres malos a los que les pongo cara y nombre. Es que hay que ver cómo somos, ¿eh? Era incapaz de acordarme de algo positivo, eso sí, le di mil y una vueltas a los comentarios que no debía haber hecho el menor aprecio.



Resulta que cuando nos asignaron los grupos en septiembre, yo fui la “afortunada” al tener que dar una clase de gramática a 45 alumnos cuando mis compañeras tenían 20 cada una.
Para alguien que no esté metido en este mundillo, una clase de más de 20 personas ya es mogollón y si encima se trata de una clase intensa de gramática, ya te puedes echar a temblar.
Me costó varios meses hacerme a ellos, me aprendí el nombre de muchos, anduve como una modelo para arriba y para abajo recorriéndome toda la clase para aclararles dudas y me les gané. En octubre le dije a mi jefa que no iba a poder, que las risitas y los cuchicheos podían conmigo pero lo conseguí.
Fueron simpáticos conmigo, me notaron menos tensa, me empezaron a preguntar muchas dudas y hasta hubo momentos divertidos que todos disfrutamos. Menos ellos tres. Un grupito de un chico y dos chicas que me llevaban mirando mal desde principio de curso. Desde entonces, ya avisé tanto a mi compañera como a mi jefa que iba a tener mal “feedback” por estas tres personas porque fueron muy maleducados durante meses y me faltaron al respeto en un par de ocasiones. Aún así, me aprendí sus nombres para poder preguntarles de vez en cuando y que no me pudieran criticar por ello pero por lo que parece, no sirvió de nada.

Quizás esto me afecta más ahora puesto que son los primeros años de mi carrera profesional pero nunca entenderé el no hacer una crítica constructiva y el quedar con tus amiguitos para tener que redactar las mismas chorradas.


Como dijo una alumna en una presentación la semana pasada, la educación debería cambiar de tal forma que tanto alumnos puedan evaluar a sus profesores como profesores a sus alumnos y de la misma manera, alumnos entre sí y profesores entre sí. Me pareció una idea maravillosa que sería muy útil para aprender unos de otros y sobre todo para bajar los humos a aquellos que se creen los dueños del mundo.

Así que por favor, si me estáis leyendo, os pido que la próxima vez que tengáis que evaluar algo, le dediquéis tres minutos, lo reflexionéis y lo expreséis de forma clara y con educación.
Es verdad que muchas veces se nos va la fuerza por la boca y no puedes gustar a todo el mundo pero siempre va a haber alguien que lo lea y puede que se ofenda tanto como lo hice yo.
En fin, espero no tomármelo de forma tan personal la próxima vez y que encontréis sentido a todo esto aunque lo único que diga son “tonterías”. Tontos más que tontos :) 

Comentarios