QUÉ HAGO CUANDO NO SÉ LA RESPUESTA Y OTRAS MALDADES

¡Jelou!

No tengo palabras suficientes para expresar lo mucho que me gusta volver a casa de vez en cuando para ver a la familia, disfrutar de los rayos del sol (aunque el resto diga que está nublado), comer comida rica (ahora el pan tumaca me parece un manjar) y ponerme al día con las amigas entre risas y cotilleos. Por ejemplo, el otro día fui a cenar a un restaurante mexicano con una amiga y nos tiramos 20 minutos decidiendo qué pedíamos para compartir. El camarero vino unas cuatro veces hasta que le tuvimos que confesar que estar allí había sido la peor idea que habíamos podido tener porque mi amiga no come carne y la menda no come queso. El pobre se quedó a cuadros.
Así que mientras, partidas de risa, nombrábamos a diestro y siniestro platos que contenían queso, carne o ambos, mi amiga me fue contando qué tal le iban las clases particulares de inglés que está dando a varios alumnos.
Viñetas geniales del humorista Andrés Faro.

De repente confesó lo inconfesable: hay veces que no sé las respuestas.
Solté una carcajada enorme y pensé que todavía no había escrito sobre esto y que ya no podía pasar más tiempo.
Señoras y señores, aquí les vengo a relatar las ocho verdades que un profesor nunca admitirá.

Confesión nº1: hay veces que yo tampoco me sé la respuesta cuando me preguntan algo. Bien porque estoy despistada, bien porque se me ha olvidado o bien porque no tengo ni la más remota idea.
En esos casos, mi trucodelalmendruco es mantenerme calma y serena y mirar en internet la respuesta delante de la clase. Pero ¡cuidado! si creo que va a ser demasiado complicado y voy a quedar peor, entonces suelto la mítica frase que todo profesor debe usar al menos una vez por trimestre: “lo consulto y mañana os doy la respuesta”. ¡Fiu!

Confesión nº2: otras veces cuando estamos corrigiendo ejercicios, alguien da una respuesta que yo no tenía apuntada pero de repente me parece que la que está equivocada soy yo. Ups…
Aquí hay dos trucosdelalmendruco: el primero es usar el comodín del público que consiste en preguntar a toda la clase qué opinan sobre la respuesta de ese alumno. Les digo que levanten la mano rápidamente y cuento cuántos tienen esa respuesta y cuántos tienen la otra. Si hay mayoría la doy por buena :)
El segundo es el método sándwich que se basa en preguntar a varios alumnos de forma “aleatoria”. Y cuando digo eso, me refiero a preguntar a alguien, después al más listo de clase y luego a cualquier otro. Normalmente el listo no falla.

Confesión nº3 (esta a lo mejor os parece mal): hay momentos en los que meto la pata y me doy cuenta después de que la respuesta que había dado no está bien. Y entonces no puedo rectificar porque o ya ha pasado mucho tiempo o pienso que les voy a liar más o, lo más grave, van a dejar de fiarse de mi palabra como profe. ¡Y eso es lo último!


Confesión nº 4 (esta a lo mejor os parece fatal): a veces me invento las cosas, sobre todo con temas de pronunciación y tengo que usar la frase que todo profesor usa cada dos por tres de “es así porque sí”. Tengo grabado a fuego cuando un alumno me preguntó por qué se dice “piSCina” y no “piSina” o “piCina”. Pues mira chico, es así, no hay más. O lo mismo me pasa con los usos del subjuntivo. Llega un momento en el que se le da tantísimas vueltas que ya no sé si es probable, irreal, si le quiero quitar importancia o vete tú a saber, así que es subjuntivo porque es subjuntivo.

Confesión nº 5: puede que sea un poco mala porque cuando me dicen algo incorrecto en español les digo que no les entiendo o empiezo con mi numerito del “¡¿QUÉ?!”.
Este numerito es uno de mis momentos favoritos de la clase y lo más importante es hacerlo de forma divertida para poder seguir diciendo qué, qué, qué hasta que se dan cuenta y lo dicen bien. Lo bueno, es que lo exagero tanto y pongo una cara de ofendida y asustada como si estuvieran diciendo algo gravísimo. Entonces, los demás compañeros se ríen y le dicen en bajito “un problema, no una problema” o “a mí me gusta leer, no yo gusto leer”.

Confesión nº6: en algunas ocasiones miento sobre todo en las clases orales con los alumnos con más nivel. Es decir, cuando me he preparado la clase, he buscado toda la información del mundo para que nunca nadie me pueda pillar y me sé hasta el más mínimo detalle (bueno, no siempre, vuelta a la confesión nº1). En cambio lo que hago es llegar a clase y decirles que me cuenten ellos sobre el tema porque “yo no estoy muy enterada de lo que pasa en este país”. Ahí les adoro porque de verdad me creen y me ven como una extraterrestre, una guiri auténtica.


Confesión nº7 (esta a lo mejor os parece mal, versión II): cuando empieza el curso y les oigo hablar español por primera vez me quedo muerta porque unos parecen nativos y otros dicen “hola amigo”, lo cual me pone de los nervios. ¡¿Quién narices dice eso?!
Sin embargo, luego hay algunos alumnos que sé que podrían hablar mucho mejor pero o se mueren de vergüenza o se ponen de los nervios. Así que cojo y muy dispuesta yo, me acerco a final de clase y les digo que qué bien hablan, que me han dejado impresionada porque no me esperaba ese nivel y que intenten hablar más en clase para practicar porque lo hacen muy bien. Ellos se sienten los dioses del español y les sube la autoestima en un segundo de forma exagerada mientras yo me siento la persona más mentirosa del planeta.

Confesión nº8: nunca he podido con esa gente que cuando le toca responder dice “no sé” porque no tiene los deberes hechos y pasa totalmente de la clase o dice la respuesta correcta porque ha copiado al compañero de al lado.
Desde el primer día de curso, les digo que no mientan y que ya somos mayorcitos. Si no han hecho los deberes, prefiero que me digan que no lo tienen y ya está. Pero entonces soy mala y si me dicen “no sé” les digo que en ese momento piensen la respuesta y me puedo tirar un buen rato esperando. Si me dicen la respuesta del compañero, les pido que me expliquen por qué esa respuesta.

¿Soy muy mala? Espero que no os lo parezca tanto… Solo me parecía importante poner por escrito esas leyendas que nadie se atreve a admitir. Nadie es perfecto, así que ¿por  qué lo tendría que ser un profesor?
Dicho esto, ¡hasta pronto, amigo!

:)

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