QUE TODA LA VIDA ES SUEÑO
¡Hola a todos!
Ya vuelvo por aquí, con mucha melancolía, eso sí.
No sé muy bien si es por haber estado dos semanas
sin trabajar, más una semana con clases canceladas, más un par de semanas que
quedan todavía para que termine la huelga que hay en la universidad.
Yo creo que se debe a los largos días que hemos
tenido de nieve donde la felicidad y las ganas de jugar haciendo muñecos de
nieve o guerras de bolas se ha evaporado por completo y ha dejado como rastro
una lentitud y un aburrimiento tal que se me ilumina la cara nada más pensar en
volver a dar clase hoy.
Sin contar el hecho de haber pasado casi una
semana constantemente diciendo “¡hala, mira todo lo que nieva!”, también me he
dedicado a ponerme al día y corregir las mil y una redacciones que tenía: dos
niveles, cuatro grupos, unos 80 alumnos de los cuales lo entregaron unos 65.
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| Así amanecimos el otro día |
Los deberes de los principiantes consistían en poner en práctica el futuro. Todos me han contado sus planes de verano y se me han puesto los dientes largos. Como resumen, trabajarán durante unos meses para luego viajar y hacer planes con su familia y amigos. Algunos (pelotillas) seguirán practicando su español o irán a algún sitio de España (a Tenerife la mayoría) para no olvidarlo o tendrán que seguir estudiando para continuar en el segundo año.
Los deberes de los de segundo año me han hecho soñar
pensando en el futuro mientras la
melancolía se apoderaba de mí al pensar en el pasado. Además, me ha hecho envidiarles
por su juvenil energía a la vez que me alegraba por ellos como amiga y profesora
sabiendo que tienen el mundo en sus manos.
Me hablaban sobre el futuro que les gustaría tener
y la mayoría, al ser estudiantes de lenguas, comentaba lo mucho que les
apasiona viajar y conocer mundo.
Entre sus sueños viajeros estaban abrir un negocio
en Perú para enseñar a niños sobre gastronomía, ir a EE.UU. cada vez que pudiera
porque le apasionaba, regresar a su casa en las Bermudas, hacer las maletas
para ir a Rusia a ver a su cantante preferido, analizar el calentamiento global
en Sudamérica, vivir en una casita con balcón en Francia o mudarse a España
para educar a sus hijos.
Me hizo recordar lo parecida que era yo cuando
estaba estudiando Traducción en la universidad con esas ganas enormes por
recorrer mundo, vivir en distintos continentes, visitar nuevas ciudades y sobre
todo poder compartir todo ello con gente como yo, con las mismas ganas de salir
del cascarón y hacer viajes a diestro y siniestro. Con el paso de los años, me
he dado cuenta de que di por hecho que todos seríamos así cuando este fenómeno
solo sucede en ciertas carreras.
Como es de esperar, también me narraban todas las nuevas lenguas que quieren aprender con frases como “para entonces ya habré aprendido cinco lenguas en total” y a mí me hacía gracia pensar en mí misma, en lo mucho que juré y perjuré que nunca dejaría de practicar esas lenguas que había aprendido y que no tiraría todos esos años por la borda. En fin…
Ellos mostraban el entusiasmo que tienen por
afianzar los idiomas que ya hablan, diciendo que lo perfeccionarán en su año de
Erasmus o que ya hablan muy bien español en un texto completamente lleno de
fallos. Por supuesto, más de uno decía lo útil que les iba a ser para el futuro
y que gracias a ello, conocerían a gente de lenguas y culturas distintas o lo
que es mi frase favorita porque la usamos constantemente todos los locos que
aprendemos idiomas.
Por otro lado, comentaban sus deseos profesionales
empezando desde los más luchadores y atrevidos que quieren trabajar en la
UNESCO o ser toda una empresaria de éxito hasta los que simplemente necesitan tener
un empleo en el que puedan trabajar en grupo, ya que relacionarse con gente es
lo que más busca.
También los había que quieren ser periodistas,
abogados, músicos, traductores :) y profesores :) . La mayoría ve la necesidad de estudiar
un máster para especializarse en algo y otros prefieren irse muy lejos antes de
encontrar un buen trabajo; Egipto, Japón o Australia eran algunos de los
destinos.
Otros admitían, con lo que me sentí muy
identificada años atrás, que eso pensaban en ese momento pero que probablemente
cambiarían de opinión porque no se aclaran con nada. Y es que… qué duro es ese
momento en el que terminas la carrera, piensas que no has aprendido nada y no
sabes para dónde tirar. ¡Te parece la decisión más importante de toda tu vida!
Por último, también hablamos de tener pareja, ¡faltaría
más!
En cuanto a su futuro parejil (me acabo de
inventar esta palabra), a unas les bastaba con que su marido fuera un buen bailarín,
a otros con irse a vivir a una playa con su novio biólogo marino, a otros con
tener solo un hijo o si no, un perro o un gato, a otros con conocer a alguien
culto (¡!) y otros, los peores, que se quieren casar cuando sean mayores, o
mejor dicho, cuando tengan… ¡30 años!
A los que me escribieron eso casi me salió solo
suspenderlos o cambiarles la cifra, pero ¿cómo se atreven! La verdad es que,
una vez más, eso pensaba ya en mis años mozos pero como diría Lucía Be “no me
da la vida” y como dicen mis amigas, los tiempos cambian y lo que antes se
hacía más pronto ahora tarda más en llegar. O eso queremos creer.
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| Ilustración de la bloguera y diseñadora Lucía Be |
Ale, y todos a seguir soñando que los sueños,
sueños son :)



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