TO BE COOL OR NOT TO BE COOL
¡Hola a todos!
Perdón por publicar tan tarde pero una
gastroenteritis ha ejercido control sobre mí y me ha dejado sin fuerzas, sin ánimos
y con un sarpullido en la cara tremendo. Supongo que coger virus cada dos por
tres es una de las desventajas de este trabajo…
Hoy vengo a hablaros del gran dilema, de qué tipo
de profesor ser y de nuestro miedo al “¿y si no les caigo bien?”.
Me imagino que como en cualquier trabajo, a medida
que pasan los años vas dejando de dar importancia a algunas cosas hasta que
terminas pasando de todo sin darle ya más vueltas. Sin embargo, como yo acabo de empezar, como aquel que dice, le
doy importancia hasta la más mínima tontería y todo me parece un mundo.
El otro día, estaba hablando con una amiga y estábamos poniéndonos al día sobre cómo son nuestras clases y nuestros alumnos.
Ella será dentro de muy poco profesora de secundaria y me contaba que durante
sus prácticas se había tenido que poner seria en un par de ocasiones pero que
al instante se sentía mal y pensaba que quizás sus alumnos ya no iban a pensar
que era una profe enrollada. Nos reímos de lo absurdo que era pero a la vez de
lo importante que era para nosotras.
La verdad es que la imagen ideal que se tiene de
un profesor, la cual la hemos sacado de libros, películas y series varias, es
de alguien divertido, soñador y que hace sacar lo mejor del mal-travieso-problemático
estudiante. Por otro lado, también tenemos al profesor loco que llama la
atención por cómo viste o por la forma en la que enseña tan diferente y
disparatada pero que siempre consigue unos resultados excelentes.
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Si tuviera que elegir a profes que tuve durante el
colegio, siempre recordaré a mi profesor de Lengua que nos hacía analizar textos
como nosotros quisiéramos, es decir, sin guía ni pautas sino que comentaras lo
que a ti te sugería el texto fuera lo que fuere. Y ¡cómo olvidar a mi profe de
Mates! Él siempre borracho (sí) y yo siempre sacando ceros pero fue el único con el
que conseguí sacar un 7, todo un récord para mí. Tampoco olvidaré a la estricta
profe de inglés de bachillerato. Parecía que tenía 100 años y nunca la oímos
hablar más de dos palabras seguidas en inglés pero gracias a ella, aprendí
tanto que a veces sigo consultando las notas que tomé entonces en mi cuaderno de
rayas.
Durante la uni, fue una suerte tener a mi profe de
Lengua que nos hizo comprar una libreta para apuntar los fallos que oíamos
cometer a la gente por la calle. Tener a mi profe de traducción audiovisual fue
increíble y sacó de mí a la persona creativa que llevo dentro. Mi profesora de
francés era un cielo y consiguió que pasara de chapurrear francés a escribir
unos textos jurídicos en francés que ni me creía. Y por último, mi profe de
traducción económica. Nos suspendía a todos pero decía que nos tomáramos una
caña, que para qué agobiarse, que la vida está para eso, para irse de cañas.
Ella era de las que aparecen en las películas. Lo prometo.
Pero ¿y yo? ¿Quién soy? ¿Qué tipo de profe quiero
ser?
Desde que empecé a trabajar aquí me dijeron que
cuidado, que no podíamos mantener una relación demasiado estrecha con ellos y que
había que mantener una distancia profesor-alumno.
Desde entonces, tengo sentimientos encontrados.
En mi opinión, es igual de importante ser estricto
que amigo. No solo vale ser intransigente, suspender a todos e ir de malo pero
tampoco vale ser tan enrollado que la enseñanza quede a un lado.
Muchas veces me dicen lo estricta que soy
corrigiendo o “bueno, no seas mala, dáselo por bueno” pero yo me niego en
rotundo. Me acuerdo de una clase que tuvimos en el máster de ELE en la que
teníamos que decir en qué orden se deberían corregir los fallos. Por ejemplo,
primero verbos, después concordancia, a continuación cómo estructurar un texto,
etc.
Yo aluciné cuando mis compañeros empezaron a poner
numeritos al lado de cada categoría pero ¿no se debe corregir todo! Tuve un
pequeño encontronazo con esa profesora, por lo visto no pensábamos igual.
Para mí, apuntar muchos fallos no supone un
problema, es más según mi experiencia la persona que es constante y trabajadora
se alegra al ver esos errores porque sabe que ya no los va a volver a repetir.
También reconozco que no todos los fallos tienen
la misma importancia pero dejarlo como bueno me parece un error en sí. ¿Por qué
engañarles?
Volviendo a lo de ser estricta, creo que es importante
ponerte en tu lugar y sobre todo que los estudiantes vean qué cosas se
pueden permitir y qué no. Por desgracia, tengo algún que otro ejemplo:
Esto se lo tuve que poner a un alumno después de
que me dijera con mal tono delante de toda la clase que a él le daba igual si
le corregía los deberes. No le contesté y aproveché para escribirle una nota en
el examen. Días después vino a disculparse y su actitud cambió radicalmente.
También me vi en la necesidad de mandar este
correo a dos chicas que de repente empezaron a comportarse de forma tan
inmadura que el ambiente tan bueno que había en clase empezó a evaporarse.
Vale, esa es la cara mala, lo admito, pero en los
años que llevo aquí puedo contar situaciones así con los dedos de una mano. El
resto de situaciones han sido todo lo contrario, muy positivas y gratificantes
tanto en mi trato hacia ellos como ellos conmigo.
He conseguido que saliéramos de fiesta/tomar algo
después de los exámenes, he organizado cenas en restaurantes españoles en las que
hemos podido cotillear de todo lo cotilleable mientras comíamos una tortilla o unas grasientas gambas, les he llevado chuches o
chocolate el último día de clase, les he insistido una y otra vez que mi
despacho está disponible para ellos cuando lo necesiten, les he hecho mil y una
cartas de referencia para trabajos, para irse de Erasmus y para voluntariados y
sobre todo, y para mí lo más importante, siempre he conseguido crear un buen
ambiente en clase.
He recibido bombones, velas y una cartera de
regalo pero sobre todo muchas palabras de agradecimiento como estas:
Confieso que me gusta leer estas y otras palabras
bonitas de vez en cuando, me suben la moral, para qué engañarnos, y me hacen esforzarme más en intentar ser mejor profe con todo lo que ello conlleva.
¡Feliz (casi) fin de semana para todos!






Sin duda un gran dilema... pero parece que has conseguido el equilibrio!
ResponderEliminar¡Desde luego! Bueno, al menos si no lo he conseguido ya, ese es mi objetivo. Gracias por leerme :)
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