LATÍN Y MAGIS

Otra sección con preguntas de las que me hacen reír, llorar o me dejan muda.

Aquí va otra de las “preguntitas” que sueltan sin ser conscientes del trastorno que me causan:

El otro día con los principiantes, hicimos una clase de repaso y les pregunté si tenían dudas sobre los contenidos de gramática que hemos estado estudiando.
De repente, y menos mal que en bajito, me comenta una alumna italiana lo sorprendida que está porque se ha dado cuenta de la cantidad de similitudes que hay entre el latín y el español. Le digo que sí mientras pienso en rosa-rosae y lo bien que me lo pasé estudiando latín en el colegio con mis amigas.
Pero ella insiste y me repite con ansia lo increíble que es el parecido. De hecho me da varios ejemplos.
Veo que esto no va a terminar bien e intento cambiar de conversación pero de pronto me dice: “es que el español y el latín se parecen mucho más que el italiano y el latín. ¿Cómo puede ser!”.
Me quedo perdida y sin palabras porque mi argumento sobre la invasión de los romanos en la Península ha quedado sin ningún valor al darme cuenta de que ella es de Italia.
Le dije que bueno, que probablemente habría más semejanzas con el italiano pero ella estaba muy segura de lo que decía. (Debe hablar latín en casa.) Así que al final le dije que sí, que era muy curioso y a otra cosa mariposa que se me iba la hora de clase. ¡Qué mal trago!

Después llegué a casa y me informé. Según parece es difícil saber con exactitud qué lengua moderna comparte hoy en día más rasgos con el latín aunque como es de esperar, el italiano encabeza la lista.

Viñeta de Mafalda por Quino

En cambio, hay otras que son tan divertidas que el trastorno que me causa es tener que aguantar la risa porque son de esos momentos en los que no puedes parar:

Ejemplo 1: un día estábamos haciendo un ejercicio de traducción cuando alguien me pregunta cómo se dice “bean” en español. Les digo que se dice judía y que tienen que repasar el vocabulario de los alimentos. Entonces, me contesta alguien muy serio y me dice que no puede ser, que en su diccionario pone que es “Jewish”. Me río mucho mucho interiormente y les digo que tengan cuidado con no confundirse entre la planta y los que profesan el judaísmo. También les reconozco que somos raros y que parece mentira que la misma palabra pueda significar conceptos tan distintos. 

Ejemplo 2: un chico al oír la palabra sombrero me pregunta muy serio si esa palabra es solo para “el sombrero grande que llevan los mexicanos”. ¡Pero de dónde sacan esas cosas? Ay, ¡cuánto daño hacen los estereotipos!

Otras reconozco que me avergüenzan y pienso “tierra trágame”:

Hablando con los estudiantes de último curso sobre la religión y las distintas creencias…

Yo: Claro y por otro lado también tenemos a los testigos de Jehová.
Alumno: ¿Cómo se escribe Jehová?
Yo: ….
..

La hache me iba y me venía pero no la conseguía encajar por ningún lado. La ge, la jota, la be, la uve, el acento. ¡Pero cómo es? Por mucho que pensara no estaba del todo segura, así que opté por ser sincera y decir que lo buscáramos en internet. Estoy segura de que nunca había escrito esa palabra antes pero sí, mea culpa.

Otras veces doy gracias a los compañeros de trabajo y me doy las gracias a mí misma por ser tan preguntona. Hay veces que pregunto a mi compañera qué tal ha ido una clase que yo estoy a punto de dar. No hay mayor alegría como cuando te chiva esa temida pregunta que no vas a saber contestar. Por ejemplo: ¿cuál es la diferencia entre morro y hocico?
¡Menos mal! Efectivamente, me lo preguntaron.

¿Y tú? ¿Sabrías haber contestado a estas preguntas?


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