CORRECCIONES

¡Hola a todos!

Por fin es lunes, lo que significa que es el comienzo de una nueva semana y en mi caso, parece que será una semana tranquila, mucho menos ajetreada que la anterior.
Y es que la semana pasada, además de contestar correos, tener reuniones con alumnos y preparar clases, tuve que corregir unas 80 redacciones en un plazo de una semana. Fueron siete días muy pero que muy intensos.




No sé si solo me pasa a mí o a todos los profesores pero cuando tengo que corregir tanto en tan poco tiempo, me paso las noches soñando con ello. Tengo pesadillas en las que suspendo a muchos alumnos, me imagino redacciones larguíiiisimas a la par que pesadísimas de corregir y sobre todo me veo a mí misma escribiendo una y otra vez las mismas frases: “presta atención a la ortografía”, “cuidado con la concordancia”, “no olvides conjugar los verbos” y un amplísimo etcétera.

La verdad es que pensé que no iba a llegar a tiempo, que iba a tener que decir que se lo entregaría la próxima semana y ya sabéis, los alumnos te odian cuando haces eso. Es inevitable. Yo soy la primera que estando en la universidad pensaba “¿pero y qué más tendrán que hacer aparte de corregir? ¡Ha tenido una semana!”. ¿O me equivoco?

Total que llegó el viernes y me pasé las cuatro horas de clase que tengo repartiendo redacciones y comentando fallos. Cuando llegó la última hora de clase, me empecé a quedar un poco afónica y de repente me entraron los siete males al imaginarme al típico profesor: el que carraspea, el que toma caramelos de menta, el que lleva una botella de agua y el que lleva un pañuelo atado al cuello para prevenir esa afonía. Yo de momento me resisto pero sé que, tarde o temprano, llegará el momento.

Entre las redacciones que tenía para corregir, la mitad eran de los alumnos principiantes y la otra mitad de los alumnos de segundo año, es decir los de un curso antes de irse de Erasmus.
Los primeros tenían que contestar a un correo electrónico presentándose, hablar de su familia, sus estudios, hobbies y describirse. (La mayoría de las chicas se consideran “bastante altas y delgadas”, lo cual me sorprende.) Puede resultar un poco aburrido aunque confieso que me gusta cotillear e ir conociéndoles poco a poco: si tienen hermanos, novios, si echan de menos a su familia, de dónde son, etc.

Los segundos tenían que escribir una carta en la que argumentaban por qué eran el candidato ideal para un puesto de trabajo que se tenían que inventar. Les pedí que fueran un poco creativos, que así al menos sería más entretenido escribirlo y para mí corregirlo.
He hecho una selección y estos son los ganadores:

-Puesto de princesa de Disney
-Donante de cumplidos
-Catadora de chocolate
Pero mi gran favorito es este: escritor de galletas de la fortuna.

Os dejo una foto de la redacción para que veáis por qué es mi favorito pero también para comentar cómo corrijo y cómo de absurda y contenta me sentí el viernes al explicar en clase mi método de corrección.



En primer lugar, en qué color corregir:
Cuando empecé a trabajar aquí me comentaron que por favor ni se me ocurriera corregir en rojo. Yo, inocente de mí, pregunté asombrada el motivo. No podía dar crédito cuando me comentaron que se lo toman como algo agresivo y violento. ¿Y todos los ceros rojos que he sacado en matemáticas durante toda mi vida?
Sinceramente, me parece un poco absurdo darle más importancia al color que a la forma de corregir en sí. Para mí el rojo es autoridad y la norma que tengo que seguir pero no me resulta para nada ofensivo, es más creo que son aspectos que pueden estar perfectamente unidos.
Pero vale, acato las normas yo también y uso el verde porque es el color de la esperanza y confío en que lo harán mejor. Aunque no siempre pasa y he tenido que poner muchos suspensos verdes.

En segundo lugar, cómo corregir.
-Como les dije, para mi una línea recta es un verbo correcto o una expresión correcta que tenían que usar y lo han hecho de forma adecuada. De esta forma, a simple vista veo si el texto es bueno o no.
-Una línea curva significa que eso que han dicho se podría decir de otra forma.
-Si tacho, pongo al lado la palabra correcta.
-Si hago varias líneas juntas significa que hay un error de concordancia.

Cuando les expliqué esto, me dijeron que todos los demás profesores lo hacen al contrario. Me comentaron que una línea recta para el resto de profesores supone un error. Entonces, les pregunté que cómo marcaban los aciertos y se hizo el silencio. Alguien dijo que de vez en cuando se ponía un tick pero de repente alguien dijo algo que todos estábamos pensando: “si lo tienes bien, se deja en blanco”.
Craso error. A mí no me cabe en la cabeza que, en pleno siglo en el que estamos, ni se puntúen los aciertos ni se haga otra cosa nada más que hacer ver al alumno sus fallos en rojo, en verde o en violeta. Me desespera.

En tercer lugar, cómo disfrutar mientras se corrige:
¿Por qué tener que pasar una semana corrigiendo y estar frustrada a la vez? Al menos yo me niego, así que desde que empecé a trabajar, me dedico a dibujar caritas sonrientes o tristes donde me parezca. Como les expliqué a ellos, estas caras no tienen nada que ver con la gramática sino con sus ideas. Si me cuentan algo gracioso o bonito van a tener caras sonrientes y si es algo que me da pena o una historia que termina mal, caras tristes. Se rieron mucho, así que parece que les ha gustado la idea.

Entiendo perfectamente que a alguien esto no le parezca profesional y más en un mundo universitario pero no lo comparto. Creo que es bueno que uno mismo como profesor coja con ganas lo que está haciendo pero todavía más importante es que ellos vean que te lo tomas con humor y que es más, disfrutas con ello.

Así que, queridos profesores, ¡a disfrutar corrigiendo! A ver si me dura a mí esta actitud tan positiva para el viernes cuando empiece con la nueva tanda de correcciones...

Os deseo una semana estupenda :) (Significa que me gusta mi propia frase.)

Comentarios

  1. Jajaja ,yo también quiero una profe cómo tú! Qué guay que les saques tanta creatividad, me encantó el escritor de galletas de la suerte jeje. Bonito trabajo

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    1. ¡Mil gracias, Elena! ¿Verdad? Sería un buen alumno en nuestra querida escuela ;)

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