VUELTA A LA UNI
Queridos todos:
Lo primero, muchas gracias por dedicar unos minutos de vuestro tiempo a
leer mi nuevo blog. Sé que la vida y el día pasa muy rápido y sacar 10 minutos
no es lo que se dice fácil. Reconozco que me hace una ilusión tremenda volver a
escribir después de tanto tiempo. Espero no defraudar, sacar tiempo para publicar al menos una vez por semana y que os ilusione leerme
tanto como a mí teclear mis nuevas andanzas. Estoy hasta nerviosa.
Pero hoy me gustaría escribir de lo que verdaderamente es estar nervioso. Y
es que hoy, ni nada más ni nada menos, empiezan las clases. Sí, hoy.
Como muchos ya sabréis, llevo dos años dando clase de español en una
universidad de Reino Unido. Estoy feliz de haber encontrado mi vocación después
de varios años de verdadera locura y estoy orgullosa de poder enseñar mi lengua, algo
que aún ni me lo creo. Me resulta imposible a la vez que bonito.
Aquel que sea profesor ya habrá experimentado ese hormigueo constante e
interminable antes de dar la primera clase del año. Ya he hablado conmigo misma
y he decidido estar tranquila porque oye, al fin y al cabo ya son dos años pero
nada, no hay manera.
Primero pienso que me tengo que presentar, decir mi nombre, explicar dónde
está mi despacho y esas cosas, lo cual es muy importante porque no lo hice el
día que di mi primerísima clase. Qué vergüenza. Creo que tuvieron que pasar tres días para que
dijera mi nombre (¡y porque me preguntaron!).
Después tengo que pasar lista y… ¡madre del amor hermoso! Parece sencillo
pero no lo es porque no sé pronunciar ni la mitad. Hay nombres rusos,
escoceses, alemanes y vete tú a saber.
A continuación les pediré que me cuenten un poco por qué estudian español y
cómo se llaman, quizás he pillado algún nombre después de que me lo repitan cuatro veces y tras haberlo escrito a
mi manera para ser capaz de repetirlo en alto y fingir que me lo sé. Y después de este infierno, empezaré explicándoles
el alfabeto, la pronunciación de algunas palabras y nos presentaremos.
Fácil, ¿no? Pues no lo será porque de repente me preguntarán algo que no
sepa y que con cara de seria tendré que decir: “lo consultaré y mañana te digo
la respuesta”. (Si no me creéis, seguid leyendo el blog porque compartiré las temidas preguntas.)
También sé que cuando menos me lo espere y en algún momento en el que les
intente hacer hablar español, alguna frase del tipo “estoy bien, gracias”, alguien
dirá “estoy genial porque he vivido un año en Colombia y voy a Málaga todos los
veranos con mis primos aunque este año justo nos vino mal ir y decidimos en el último momento ir a Francia” y otro dirá temblando “eee-eeestoooy
yeeeeeee-enial, grhasias”. Entonces se formarán en mi cabeza dos bandos instantáneamente,
los que saben y los que no, y me volveré loca pensando que se llevarán mal
porque no querrán a gente tan superdotada/tonta en clase. Ahí es cuando me toca decir que tienen que tener paciencia, que no es sencillo aprender un idioma.
Después me despediré hasta el día siguiente con una sonrisa y respiraré
tranquila cuando me vea sentada frente al ordenador pero no del todo, porque
así será a lo largo de toooda la semana… ¡hasta un total de 7 clases distintas! En fin, deseadme suerte. Toda la que podáis.

Muy fan del colombiano veraneante en Málaga y de los nombres rusos. Pero sobre todo, muy fan de ti.
ResponderEliminarMuchas gracias, amiga. Que me leas y que te guste es de lo mejor del mundo.
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